Ambas opciones son válidas, pero responden a objetivos distintos. Comprar para vivir implica priorizar ubicación, entorno y calidad de vida. En cambio, comprar para invertir exige foco en rentabilidad, plusvalía y demanda de arriendo.
Hoy, en ciudades como Santiago, ciertos sectores muestran mejor retorno en arriendos, especialmente departamentos pequeños bien ubicados. Sin embargo, la inversión también depende del momento del mercado y condiciones de financiamiento.
Definir el objetivo desde el inicio permite tomar mejores decisiones y evitar errores comunes.